octubre 09, 2013

Y SI LA ADOLESCENCIA SE PROLONGA HASTA LOS 25 AÑOS?

Algunos expertos creen que la sociedad está "infantilizando" a los jóvenes.
Según las nuevas indicaciones que reciben los psicólogos en el Reino Unido, la adolescencia ahora dura hasta los 25 años de edad, para efectos de determinar la manera de administrar tratamientos a los jóvenes. "La idea de que de repente a los 18 años eres un adulto simplemente no acaba de cuadrar", dice la psicóloga infantil Laverne Antrobus, que trabaja en la Clínica Tavistock de Londres.
"Mi experiencia con los jóvenes es que todavía necesitan una cantidad bastante considerable de apoyo y de ayuda más allá de esa edad", argumenta.

Antrobus cree que a menudo queremos que los jóvenes logren hitos muy rápidamente, pero que ahora "nos estamos volviendo mucho más conscientes y apreciamos el desarrollo más allá [de los 18 años] y creo que es una muy buena iniciativa".

Las nuevas directrices buscan evitar que los jóvenes no queden desamparados por el sistema de salud y educación cuando cumplen 18 años. El cambio llega con la evolución de nuestra comprensión de la madurez emocional, el desarrollo hormonal y particularmente la actividad cerebral.

Tres etapas
Las tres etapas de la adolescencia son:
adolescencia temprana - de 12 a 14 años,
adolescencia media - de 15 a 17 años,
adolescencia tardía - a partir de los 18 años.
La neurociencia ha demostrado que el desarrollo cognitivo de los jóvenes continúa más allá de los 18 años en esta etapa posterior y que su madurez emocional, imagen personal y el propio juicio se verán afectados hasta que la corteza prefrontal del cerebro se desarrolle completamente.

Entonces, ¿son los 25 los nuevos 18?
"Junto con el desarrollo del cerebro, la actividad hormonal también continúa hasta bien entrados los 20 años", asegura Antrobus. Y añade: "Encuentro jóvenes de 16 a 18 años, en los cuales la actividad hormonal es tan grande que imaginar que se calmará al cumplir 18 es, realmente, un error", sentencia Antrobus.

Para Laverne Antrobus, algunos adolescentes pueden querer quedarse más tiempo con sus familias, ya que necesitan más apoyo durante estos años de formación, y que es importante que los padres se den cuenta de que no todos los jóvenes se desarrollan al mismo ritmo. Pero, ¿existe algún peligro de que pudiéramos estar criando a jóvenes que se resisten a dejar la adolescencia?
Infantilización

Solíamos pensar que el cerebro estaba totalmente desarrollado en la adolescencia temprana y ahora nos damos cuenta de que el cerebro no detiene su desarrollo hasta mediados de los 20 años o incluso los 30. Hay mucha más información y pruebas de que en realidad el desarrollo del cerebro en varias formas continúa durante toda la vida.

A lo largo de la adolescencia, la forma en que se procesa la información está cambiando drásticamente, y lo que han mostrado nuevas técnicas de exploración nos ha permitido demostrar lo que son los cambios neurológicos.

Esto es particularmente importante en términos de razonamiento social, planificación, y comprensión de la solución de un problema. Así que el cerebro se reorganiza a sí mismo, lo que a su vez significa que las diferentes estrategias de pensamiento se utilizan según el cerebro se asemeja más a un cerebro adulto.

La corteza prefrontal es el área clave que experimenta los cambios más interesantes en la adolescencia, así que si haces estudios de resonancia magnética funcional con niños, adolescentes y adultos, se aprecian diferencias en la forma en que procesan la información.  Frank Furedi, profesor de sociología de la Universidad de Kent en Inglaterra, dice que hemos infantilizado a los jóvenes y esto ha dado lugar a un número creciente de hombres y mujeres jóvenes que se acercan a los 30 años y aún viven en el hogar familiar.

"A menudo se ha reivindicado que es por razones económicas, pero en realidad ese no es el motivo", dice Furedi. "Hay una pérdida de la aspiración a la independencia y salir adelante por propia cuenta. Cuando yo estaba en la universidad, habría sido una 'muerte social' que se le viera a uno con sus padres, mientras que ahora es lo normal", cuenta.

"Este tipo de cambio cultural significa básicamente que la adolescencia se extiende hasta más allá de los 20 años y creo que la psicología, de forma inadvertida, refuerza ese tipo de pasividad, impotencia y falta de madurez y lo normaliza". Furedi añade que esta cultura infantilizada ha intensificado la sensación de "dependencia pasiva", que puede dar lugar a dificultades en las relaciones entre adultos maduros.

"Hay un número creciente de adultos que ven películas infantiles en el cine", dice Furedi. "Si nos fijamos en los canales de televisión dirigidos a menores en Estados Unidos, el 25% de los espectadores son adultos en lugar de niños".

Dejar el nido
Furedi no cree que el mundo moderno sea mucho más difícil para los jóvenes. "Creo que, no es que el mundo se haya vuelto más cruel, sino que retenemos a nuestros hijos desde una edad muy temprana. Cuando tienen 11 ó 12 años no los dejamos salir solos y cuando tienen 14 ó 15 años los aislamos de las experiencias de la vida real. Además, tratamos a los estudiantes universitarios como solíamos tratar a los escolares, por lo que creo que es ese tipo de efecto acumulativo de infantilización el responsable de esto".

Pero, ¿deben los padres alentar a los adolescentes a contruir su propio camino en el mundo?
La serie de televisión "Girls" (chicas) cuyo personaje principal, Hannah Horvath, lucha cada día con las contradicciones de la edad adulta, ha capturado el espíritu del momento.

Los padres de Hannah cortaron su financiación y de repente debe vivir por su cuenta y lidiar con sus "20 años", cometiendo sus propios errores.
¿Deben los adolescentes buscarse la vida por su cuenta como ocurre en la serie Girls?
Uno de los tradicionales ritos de paso a la edad adulta siempre fue salir de casa, pero la experta en propiedad raíz Sarah Beeny dice que los adolescentes no tienen que salir de la casa de los padres con el fin de aprender a ser independientes y hay enormes ventajas de que varias generaciones convivan juntas.

"La solución para no tener inútiles de 25 (e incluso) 30 años viviendo en casa no está en echarlos, sino en que ellos laven su propia ropa, ayuden a pagar la renta, las facturas, asuman la responsabilidad de la limpieza de su habitación...", dice Beeny.

Pero, ¿existen los adultos?
Con la adolescencia tomando mucho más tiempo del que pensábamos, ¿cómo vamos a saber cuándo realmente llegamos a la edad adulta?

Para Antrobus ocurre cuando la independencia "se siente como algo que se quiere y se puede adquirir".

Pero para los adolescentes eternos, tal vez la definición de Beeny es la apropiada.

"Para mí", dice, "la edad adulta' se está dando cuenta de que no existen los adultos como tal y que todos los demás estamos improvisando", dice Beeny.
Conocer Ciencia

octubre 07, 2013

QUE SE JUEGA AMÉRICA LATINA EN MATERIA DE EMPLEO JUVENIL?

La calidad educativa es sin duda la mayor prioridad de las personas consultadas en América Latina y el Caribe. En la región, la anterior encabeza la lista de todas las consultas nacionales y de la encuesta global MI Mundo. Lo simplifica adecuadamente un joven afrodescendiente en Ecuador: “la niñez no aprende lo que necesita.” Mientras la cobertura y la paridad de género se han atendido con celeridad, los países latinoamericanos siguen ocupando los últimos lugares del examen PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos). En 2010, detrás de Chile estuvieron clasificados: Uruguay (47º), México (48º), Colombia (52º), Brasil (53º), Argentina (58º) y Perú (63º).
La discusión sobre la calidad educativa tiene diferentes puntos de entrada, desde el tipo de habilidades y conocimientos que se desarrollan a lo largo de la vida escolar hasta su pertinencia para el mundo laboral, pasando por la problemática de la deserción escolar y la desigualdad de acceso a los servicios de mayor calidad. En América Latina y el Caribe estas tres aristas son ampliamente debatidas. Según cifras de la CEPAL, alrededor de un tercio de los adolescentes (entre 15 y 19 años) latinoamericanos abandonan la escuela antes de completar el ciclo escolar medio superior y una de las razones es que los contenidos escolares les parecen alejados de lo que les exige el mundo del trabajo.

Tres de las cuatro metas propuestas por el Panel de Alto Nivel en el ámbito educativo aluden a resultados de aprendizaje. Previsiblemente, la discusión ahora será en torno a lo que se debe entender por conceptos como “estándares mínimos de aprendizaje”, “resultados de aprendizaje medibles” o “las habilidades (…) requeridas para el trabajo”. Con seguridad, uno de los referentes será el examen PISA pero también habrá que darle acogida a otros paradigmas. En las consultas llevadas acabo en Bolivia, por ejemplo, se piden servicios educativos de calidad pero también “con calidez”, en línea con lo que supone hacer realidad el concepto del “Vivir Bien”.

Las maneras en que se podrían implementar las mejoras a la calidad educativa constituyen otra de las preocupaciones abordadas tanto en las consultas nacionales como en el informe del Panel. En este último se presentan los buenos resultados de la Alianza Global por la Educación (GPE, por sus siglas en inglés), que articula redes de educadores, organizaciones sociales, autoridades, bancos y agencias de desarrollo (UNESCO y UNICEF) en pos de una agenda de calidad. En la consulta llevada acabo en la República Dominicana, uno de los indicadores propuestos es justamente el “número de organizaciones apoyando o participando en la escuela”.

El tema de la implementación es igualmente de interés en cuestiones de acceso y cobertura. Concretamente, la meta propuesta por el Panel sobre educación preescolar coincide con lo que se está viviendo en la región para hacer realidad la obligatoriedad recién estrenada en varios de sus países. ¿Hasta dónde debe involucrarse el sector privado o el mundo de las organizaciones sin fines de lucro que dan servicios de guardería y pre-primaria? Otro tipo de preguntas tiene que ver con atender las profundas desigualdades de la región, mismas que suelen hacerse más visibles cuando se busca que la escuela abarque a más grupos etarios de manera universal.

octubre 04, 2013

CERO POBREZA, CERO DISCRIMINACIÓN

En el marco de la discusión sobre la próxima agenda global de desarrollo, la Agenda Post-2015, un grupo 27 personalidades del ámbito político, social y empresarial de todo el mundo elaboraron un documento en el que se llama a sumar esfuerzos para “erradicar la pobreza extrema de la faz de la tierra para el año 2030”. De forma similar, el Banco Mundial se ha fijado el objetivo de que para 2030, solamente “el 3% de la población mundial se vea obligado por sus circunstancias a vivir con menos de 1,25$ dólares diarios”. Ambos organismos internacionales han dado especial atención a la lucha para erradicar la pobreza dentro de los próximos 15 años.

Mientras tanto en Nueva York, durante el foro permanente para las cuestiones indígenas de Naciones Unidas, líderes indígenas pidieron que la no discriminación sea un eje fundamental en la próxima agenda de desarrollo. Frente a un enfoque económico que parece predominar en el debate Post-2015, la cuestión de la no discriminación ofrece un concepto más ambicioso sin perder la ventaja de concentrar esfuerzos en objetivos claros y mensurables.

Gráfico 1: Proporción de personas que viven con menos de 1.25 dólares al día, (porcentaje)
Fuente: PNUD (2012) Informe 2012 Objetivos de Desarrollo del Milenio
¿Cuántos dólares diarios?
En el año 2000, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) se propusieron reducir a la mitad el porcentaje de personas viviendo en condiciones de pobreza extrema. Gran parte del éxito de los ODM ha estado precisamente relacionado con los avances en este ámbito. En América Latina y el Caribe, por ejemplo, la proporción de personas que viven con menos de 1.25 dólares al día pasó de 12% en 1990 a 9% en 2005 y 6% en 2008. Desde el año 2002, la disminución ha sido particularmente acelerada, con 58 millones de personas menos viviendo bajo el umbral de pobreza.

Estas cifras son útiles para identificar los avances en el combate a la pobreza. Sin embargo, resultaría difícil argumentar que un mundo en el que nadie vive con menos de 1,25 dólares diarios es un mundo sin pobreza. Distintas iniciativas han querido conceptualizar la lucha contra la pobreza como un problema más allá de los ingresos, como por ejemplo el índice de pobreza multidimensional, en el que se integran otras carencias fundamentales como el acceso al agua potable, al saneamiento o a la electricidad. A su vez, el índice de desarrollo humano toma en cuenta no solamente el ingreso sino también la salud y la educación. Sin embargo, estas medidas no dan cuenta de las causas ni de las características de las personas que viven en condiciones de pobreza. En este sentido, el derecho a la no discriminación es una idea conceptualmente más fuerte que daría a la Agenda post-2015 una herramienta para medir los avances en el combate a la pobreza reflexionando al mismo tiempo sobre las causas de la misma.

Los rostros de la precariedad
Eventualmente los esfuerzos por erradicar la pobreza deberán integrar el derecho a la no discriminación. La sobrerrepresentación de algunos grupos de la población que viven en condiciones de pobreza es considerable. Un estudio de la CEPAL sobre la juventud afrodescendiente en América Latina da cuenta de las brechas étnicas que existen en cuanto a las privaciones de derechos esenciales como acceso al agua potable, vivienda, y educación. En Brasil, Colombia y Ecuador, en todos los ámbitos analizados, los jóvenes afrodescendientes padecen de mayores privaciones que el resto de los jóvenes. Incluso en los países de la región con baja incidencia de pobreza es posible observar brechas étnicas.

Dentro de este mismo estudio, se muestra que las brechas de género se revelan también dentro las regrupaciones étnicas. Por ejemplo, al observar las tasas de desempleo juvenil observamos no solamente que en todos los casos analizados los jóvenes afrodescendientes sufren de mayores tasas de desempleo, sino que dentro de este grupo son las mujeres jóvenes las más afectadas por el desempleo.

Gráfico 2: Tasa de desempleo de jóvenes de 15 a 29 años de edad según condición étnica y sexo (porcentajes)
Fuente: CELADE-CEPAL (2011) Juventud afrodescendiente en América Latina: realidades diversas y derechos (in)cumplidos
La discriminación es un fenómeno que atraviesa todos los grupos sociales por lo que su defensa no puede ser atribuida a intereses de un solo círculo de la población. Además, el derecho a la no discriminación logra abarcar objetivos más allá de la lucha contra la pobreza, como el derecho al trabajo digno, a la educación, a una buena nutrición, e incluso derecho a la vida.

Los jóvenes, por ejemplo, están particularmente afectados por el desempleo en la región. En todos los países las tasas de desempleo juvenil superan considerablemente las de los demás grupos de edades. En Chile el desempleo entre los jóvenes es de casi el doble. Por otro lado, estudios recientes muestran notables diferencias entre el número de años que estudian los niños no indígenas y los indígenas. Otros grupos de población, en diferentes ámbitos, sufren graves casos de discriminación: por edad, estado de salud, religión, área de residencia, orientación sexual, identidad de género, etcétera. En un gran número de situaciones, no existen todavía cifras oficiales aunque los casos de discriminacón pueden llegar a extremos en donde peligra el derecho a la vida. En 2012, por ejemplo, las Naciones Unidas hicieron un llamado a investigar el aumento de muertes de transexuales víctimas de asesinatos particularmente violentos en América Latina.

Por su fuerza conceptual y su capacidad para identificar las causas estructurales que conducen a la pobreza y otras carencias de poblaciones vulnerables, el eje de cero discriminación que se propuso en  el foro permanente para las cuestiones indígenas es una alternativa interesante para orientar la Agenda Post-2015 y complementar la erradicación de la pobreza extrema.
Revista Humanum

octubre 03, 2013

PRIVILEGIO VS DISCRIMINACIÓN

Foto: A of DooM / www.everystockphoto.com
Hace unos meses los periodistas del programa “¿Qué harías tú?” (What would you do?) de la cadena norteamericana ABC hicieron el siguiente experimento. Tres personas tratan de robarse una bicicleta encadenada a un poste en un parque. Primero, un adolescente blanco. Luego, un adolescente negro. Y, finalmente, una rubia estupenda. ¿Alguien trata de detenerlos?

No es de sorprender la respuesta: depende. El adolescente blanco es interrogado por varios vecinos sobre qué está haciendo, él responde ambiguamente con monosílabos. Los vecinos dudan si detenerlo o no y, al final, no hacen nada. El adolescente negro es igualmente interrogado, contesta con los mismos monosílabos ambiguos y al rato hay una turba deteniéndolo y llamando a la policía. La rubia estupenda recibe ayuda de sus galantes vecinos.



Este experimento es un claro ejemplo de las dinámicas de discriminación modernas hacia donde apuntan los estudios actuales. La primera conclusión es la más obvia: existe discriminación. Segundo, que la discriminación funciona hoy de manera sutil y pasiva, no atacando sino reaccionando de manera diferente. Y tercero, que la otra cara de la discriminación es el privilegio. Es decir, no solamente hay quienes son continuamente mirados en menos, sino que hay quienes van por la vida “siendo mirados en más”. Incluso recibiendo ayuda para robar una bicicleta.

Estamos mucho más acostumbrados a hablar de discriminación (racismo, clasismo, machismo, heterocentrismo, etc), que de su contraparte, el privilegio. Hay quienes incluso asumen que la discriminación se mide contra un “normal”. Es decir, que toda la población de una sociedad es tratada de una manera, y existen algunos “desaventajados” que son discriminados. Pero lo cierto es que si aceptamos que algunos crecen con desventajas, no es posible obviar que otros crecen con ventaja. Sobre todo cuando esa supuesta normalidad es compartida por un ínfimo porcentaje de la población.

Privilegio es la ventaja competitiva que tiene una persona debido a su identidad. O si se quiere, no basado en sus méritos. El privilegio lo confiere la sociedad, basado en nociones de estatus. Existen distintas fuentes de privilegio; clase (alta) y raza (blanco) son sin dudas las más comunes. Pero también es un privilegio nacer “normal”, o sea no perteneciente a uno de los grupos discriminados. De hecho, normalidad y privilegio se suelen confundir (al menos para el privilegiado). Y la noción de discriminación es lo que más ayuda a ocultar el privilegio de este modo, no soy yo el privilegiado sino otros los discriminados.

Cuando se nace con privilegio, incluso si te consideras lo menos discriminador del mundo, hay cosas que no puedes evitar. Por ejemplo, que el policía te deje explicar la situación antes de sacarte el parte, que el portero no te obligue a anunciar tu nombre antes de subir al ascensor, que la gente en TV se vea como tú, el efecto que tiene tu apellido, el trato que te da la persona que atiende en la multitienda y un gran etc. (que incluye al parecer poder robar una bicicleta). Todos los días quien nace privilegiado capitaliza desde su tono de voz hasta lo que aprendió en el jardín infantil. Es difícil –si no imposible- escapar de aquello. Y ese es el mayor privilegio de los privilegiados, gran parte de sus privilegios son irrenunciables.

Estos privilegios son tomados como algo dado para quien creció con ellos. Se transforman al menos en un estándar, aún cuando sólo un pequeño porcentaje de la población pueda contar con ese trato. Lo mismo pasa con cosas más estructurales. Se dice que la Prueba de Selección Universitaria (PSU) en Chile discrimina, pero cuando el 7% de los estudiantes que van a colegio particular pagado obtiene un 60% de los puntajes nacionales, ¿es eso discriminación o privilegio? La respuesta es a mi modo de ver: ambas.

Los privilegios son también mucho más invisibles que la discriminación porque tienden a ser pasivos y no activos. Es decir, no se trata de que los grupos privilegiados tengan leyes especiales que los benefician, ni reglas de convivencia que nos exijan ofrecerles un trato mejor. Hoy el privilegio se centra más bien en la posibilidad de flexibilizar las reglas que nos aplican a todos. Es decir, es la capacidad de salirse con la suya por sobre la ley, la costumbre o lo común.

Una segunda manera de reproducir privilegios en el marco de un sistema democrático es disfrazándolos de mérito. Volviendo al ejemplo de la PSU, se tiene una prueba estándar para sistemas educativos no estándar, declarando como “mínimo” lo que sólo un 7% puede acceder en plenitud. La competencia intrínseca al sistema educativo occidental genera una sensación constante de “todo es fruto de mi esfuerzo”. Y es cierto, hoy en día el privilegio no te permite no esforzarte, pero te permite competir de manera subsidiada.  Tu esfuerzo cuesta menos (se tienen todos los recursos para estudiar tranquilo y mejor) y renta más (mismo esfuerzo obtiene mejores resultados). Pero el esfuerzo sin duda está ahí, lo que ayuda aún más al sentimiento de “dar por hecho” que nuestra vida es promedio, normal, y todo es tal como debe ser.

Por todas estas razones, quienes nacen con privilegio rara vez se ven a sí mismos como privilegiados. Muy comúnmente se les advierte contra el clasismo o racismo como algo de buenos modales, pero rara vez se les presenta como un sistema que continuamente les da ventaja. Pero lo cierto es que podríamos ser súper amorosos unos con otros y aun así viviríamos en un país clasista. Es muy  fácil  tratar bien a todo el mundo e igual seguir profitando de tus ventajas. Basta con defender las estructuras que te dan privilegios, o reproducirlas activamente en la medida que te conviene. Incluso un esclavista puede tratar excelentemente bien a sus esclavos, ¿lo hace eso una persona justa? No.

Renunciar a los privilegios es una cuestión muy difícil. En parte porque para muchos basta con aparecerse para recibir un trato especial. Pero sobre todo porque acabar con los privilegios requiere un cambio en las estructuras que otorgan esos privilegios, y esa es una tarea que supera a cualquier individuo en particular. Sin duda, un primer paso es no defender esas estructuras, ni poner obstáculos a los cambios orientados a desmantelarlas. Pero además podemos hacer lo posible por erosionarlas en la vida cotidiana, o al menos no reproducirlas.

En Chile, el ejemplo más básico es la inclusión del colegio en el curriculum vitae (CV) u hoja de vida. ¿Por qué podría importar el colegio del que saliste cuando tienes un título universitario? ¿Qué dice de un buen ingeniero o un buen psicólogo? Dice que perteneces a una cierta clase, que tus padres tienen cierto poder adquisitivo y que los padres de tus amigos también. Poner el colegio en el CV es una activa movilización del privilegio. Hacerlo sin intención de discriminar no lo hace menos clasista, en la medida que avala que se trate de una manera especial a algunos, tomando en cuenta un dato que nada tiene que ver con el esfuerzo o la capacidad personal.

No es fácil reconocerse a  sí mismo como un privilegiado, significa reconocer que en alguna medida eres un opresor. O al menos la parte beneficiada de un sistema opresor. Negar el privilegio no es sólo una cuestión de comodidad, sino también de protección del ego. Es mucho más cómodo pensar que representas lo normal, lo común. Siguiendo el ejemplo del video, es más cómodo pensar en el racismo como un sistema que discrimina al adolescente negro, que verlo como uno que otorga privilegios al blanco (más cómodo para los blancos, sin duda). Así mismo, es más cómodo entender el clasismo como un sistema que discrimina a los pobres que uno que otorga privilegios a los ricos. Y sin duda no poner el colegio en el CV está lejos de resolver el problema, pero al menos nos hace menos cómplice.
Voces de la Tercera-Chile

septiembre 26, 2013

PARA SUPERAR LA POBREZA LAS POLÍTICAS LABORALES DEBEN LLEGAR A LAS ZONAS RURALES

A pesar del buen desempeño económico de la región, la disminución de la pobreza durante la última década (2002-2011) ha sido más lenta en las zonas rurales –donde cayó de 62 % a 49%- que en zonas urbanas, donde bajó de 38 a 24 por ciento.

En Bolivia, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Perú, más de la mitad de los asalariados rurales que se desempeñan en empresas privadas son pobres. Así lo indica la primera nota sobre Políticas de Mercado de Trabajo y Pobreza Rural, realizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En el se advierte que los importantes déficits de trabajo decente y la debilidad de las instituciones laborales explican en parte la persistencia de la pobreza en las zonas rurales de la región. Generalmente, esa pobreza se asocia con la existencia de pequeños productores agrícolas de baja productividad y la mala distribución de tierras. Pero a pesar de que en la mayoría de los países la incidencia de la pobreza más alta se da entre los trabajadores por cuenta propia, en varios de ellos la mayoría de los pobres rurales son asalariados.

Según la nota de políticas, el porcentaje de asalariados rurales que no tiene contrato formal puede superar el 80 por ciento en algunos países de la región y muchos de ellos no reciben siquiera el salario mínimo estipulado por la ley.

“Los principales problemas que enfrentan las aéreas rurales son la informalidad de los empleos, el incumplimiento del salario mínimo, la débil sindicalización y negociación colectiva, las brechas de cobertura de la protección social y las modalidades de contratación de mano de obra”, explicó Adoniram Sánches, Oficial de Políticas de la FAO.

“Uno de los problemas graves para el resguardo de los derechos laborales que se presenta en varios países de la región, es la falta de respaldo escrito de los contratos de trabajo, lo que en la práctica además va de la mano de una ausencia de cobertura de la seguridad social” afirmó Gerhard Reinecke, de la OIT.
Esa situación “deja en total desprotección a los trabajadores y trabajadoras de la zona rural”, explicó Gerhard Reinecke, Especialista en Políticas de Empleo de la Oficina de la OIT para el Cono Sur de América Latina.

Políticas públicas para mejorar la calidad del trabajo rural
Casi todos los países de la región carecen de políticas públicas dirigidas hacia el mercado de trabajo en las áreas rurales, tanto por el desconocimiento de las particularidades de dichas áreas como por la falta de institucionalidad apropiada para apoyarlas.

Según la FAO y la OIT, los principales desafíos para mejorar los estándares laborales rurales y avanzar hacia el trabajo decente son:

  • Aumentar los niveles de formalización de los empleos: se requiere asegurar la presencia efectiva de las instituciones laborales en todo el territorio.
  • Mejorar el cumplimiento de los salarios mínimos: una política de salaries mínimos bien diseñada y aplicada tiene el potencial de impedir que los asalariados caigan debajo de la línea de la pobreza.
  • Avanzar hacia la erradicación del trabajo infantil: la prioridad debe estar en eliminar las peores formas o las más peligrosas, es decir aquellos trabajos que afectan directamente la salud y la integridad de los niños.
  • Promover el empleo femenino: requiere políticas tanto desde el lado de la demanda como desde la oferta, que contribuyan a mejorar sus niveles educativos y alivien sus responsabilidades familiares.