julio 06, 2012

LAS CIUDADES DE AMÉRICA LATINA QUE MÁS TURISTAS RECIBEN

La Ciudad de México es el principal destino turístico en Latinoamérica este año, con 3,5 millones de arribos anuales y un gasto de 600 dólares por visitante. Segunda se encuentra la capital argentina, Buenos Aires, con 2,6 millones de turistas. San Pablo se ubica tercera y la ciudad peruana de Lima, cuarta.
En la clasificación del Índice de Ciudades Globales de Destino de MasterCard, que tiene en cuenta el número de arribos y gastos que realizan los turistas, también se incluyó a Bogotá (Colombia); San José (Costa Rica); Santo Domingo (República Dominicana); Río de Janeiro (Brasil); Caracas (Venezuela) y Quito (Ecuador).

En cuanto a las ciudades donde los viajeros gastan más, Buenos Aires se ubica primera, seguida por San Pablo. En la capital de Argentina, los visitantes dejan 3 mil millones de dólares. El pronóstico prevé una fuerte caída del 9,3% en el consumo que efectúan los turistas que viajan a Caracas, en comparación con 2011.

No obstante, se espera un incremento en la cantidad de turistas internacionales que visitan las ciudades más importantes de América Latina y el Caribe hasta llegar a los 16,6 millones en 2012. El aumento representa un 7,3% más de visitantes en las diez principales urbes y una suba de gastos del 7,9 por ciento. "A pesar de la situación económica mundial un tanto desafiante, el índice de este año proyecta que en el mundo hay lugares atractivos con un sólido crecimiento en cuanto a la llegada de turistas internacionales y sus desembolsos", afirmó Yuwa Hedrick-Wong, consultor económico mundial de MasterCard Worldwide y autor del estudio.

Los destinos más beneficiados con el aumento de los arribos turísticos son liderados por Río de Janeiro. En opinión del experto, es consecuencia de que será la sede del Mundial y los Juegos Olímpicos en los próximos años. Brasil concentra la mayoría de las ciudades turísticamente emergentes, pues incluye a Recife y Belo Horizonte. También se destaca la presencia de Monterrey (México) en esa sección del informe. Quito, Bogotá y San José, por su parte, gozarán de un incremento en el desembolso de dinero de los turistas internacionales este año. Richard Hartzell, presidente de MasterCard para la región de Latinoamérica y el Caribe, dijo que es importante entender el papel que las ciudades latinoamericanas juegan en el comercio mundial y cómo los pagos electrónicos en cualquier parte del mundo dan seguridad a los viajeros internacionales.

julio 05, 2012

NO SÓLO DE PAN...HABLEMOS DE EMOCIONES Y POBREZA

La pobreza no sólo incluye carencias materiales como la falta de alimento, agua y educación; también considera carencias emocionales como la falta de autoestima, la seguridad y el apoyo emocional. Su solución no sólo depende del gobierno, sino también de usted. Existe una vasta literatura de psicología, neurología, y economía sugiriendo que los factores socio-ambientales afectan el desarrollo cognitivo y emocional de los infantes.

Desde la concepción hasta los 5 años de vida comienza a formarse la base del desarrollo cognitivo y emocional del niño. La calidad de este desarrollo en gran parte dependerá del “cuidado” que el infante reciba, es decir, de los bienes y actividades que permiten a las personas alimentarse, educarse, estar sanas y vivir en un hábitat propicio. Por otro lado, estudios en Chile, Brasil, México, Ecuador y Colombia, entre otros, sugieren que niños que crecen en hogares pobres son más propensos a presentar déficits en desarrollo mental y emocional. Generalmente, este déficit se asocia al mayor estrés y violencia del ambiente donde vive el niño, a carencias nutricionales, afectivas y de estímulo cognitivo. Esto sugiere que un niño con cuidado deficitario en su etapa prescolar, comienza en desventaja su siguiente etapa, que es la escolar.

Es muy importante notar que lo anterior no significa que el niño no tenga a oportunidades de disminuir esta brecha, pues un estudio realizado por la OECD señala que el cerebro se va moldeando constantemente a través de las experiencias, por lo tanto, se puede disminuir la brecha. Eso si, mientras antes mejor. Entre los 6 a 18 años es deseable que los niños y jóvenes vayan al colegio y que interactúen principalmente con sus pares y adultos pertenecientes al sector donde viven, al colegio y con la familia. El colegio debería mejorar su desarrollo cognitivo y socioemocional. Lamentablemente, no todos cuentan con esa oportunidad.

El Índice de Oportunidad Humana (IOH), que mide acceso e igualdad de distribución de 5 bienes básicos, dentro de ellos, el porcentaje de niños que termina el sexto grado de primaria a los 13 años, estima que en América Latina en el 2005 solo el 62 por ciento de la población mencionada lo logró. Esta cifra llama la atención cuando se observa que el porcentaje de cobertura de la educación entre 6 y 12 años en el 2005 para la región es cercana a 95 por ciento, y adicionalmente, el promedio de la región de la parte del IOH que mide la oportunidad de los niños entre 10 y 14 años de ir al colegio es 90 por ciento.

Dado que el puntaje de la prueba PISA dice que la calidad de la educación es deficiente en la región, la explicación que los niños no terminen a tiempo la educación primaria, a pesar de estar inscritos en el colegio, no parece ser el principal problema. Esto sugiere que mejorar la calidad de la educación es un factor necesario, pero no suficiente para superar la pobreza. Es necesario mejorar la calidad de educación para todos, sin embargo, los niños que comienzan la etapa escolar con una brecha necesitan aún mayor atención. Lamentablemente, lo que obtienen no es mayor atención, si no, lo contrario. Dado que no solo es más probable que los hogares pobres se ubiquen en barrios donde hay más criminalidad y violencia, si no también los padres sufren más estrés y presentan mayor frecuencia de depresión, entre otros; niños crecidos en estos hogares son más propensos a presentar problemas de comportamiento que irritan a sus profesores y pares; quienes en vez de integrarlos, los aíslan pues ven el resultado y no la causa de su mal comportamiento.

Adicionalmente, las consecuencias no serán las mismas para un joven que creció en un hogar que solamente carecía de dinero, que para un joven que además creció en un barrio violento, donde el uso de drogas era “pan de todos los días” y la delincuencia el trabajo de sus vecinos. “Niños pobres tienden a imitar a sus pares mientras que aquellos de clase media y alta tienden a buscar diferenciarse de sus pares, ya sea a través del deporte, estilo personal, sentido del humor, o identidad social”. Esto sugiere que el tipo de política pública específica para niños y jóvenes pobres debe identificar el medio ambiente donde el niño se desarrolla.

Niños que no superan la brecha en capacidad de aprendizaje se frustrarán al repetir grado, y si adicionalmente son aislados por sus profesores y pares por su mal comportamiento, los incentivos de ir al colegio son bastante bajos y abandonan la escuela, siendo este su primer fracaso social. La evidencia dice que las mayores tasas de deserción escolar en los quintiles de ingresos más bajos, se deben principalmente a factores económicos, repetición y falta de interés.

No es sorprendente que exista cerca de un 18 porciento de jóvenes entre 15 y 18 anos que no estudia ni trabaja. Dicho lo anterior, no es novedad que en América Latina la movilidad social sea más baja en el extremo más pobre. El mercado laboral valora las habilidades cognitivas, emocionales y sociales. Estos jóvenes carecen de todas ellas ya que en gran parte su familia no les brindó el cuidado mínimo necesario para desarrollarse como personas y la sociedad no solo no los apoyó, sino que también los aisló y humilló. Un pequeño cambio, como no despreciar a quien está a su lado, puede marcar una gran diferencia en la vida de una persona. ¡Piénselo!
Revista Humanum