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abril 22, 2013

260 MIL MILLONES DE DÓLARES SE PIERDEN AL AÑO POR FALTA DE SANEAMIENTO


En el mundo, una de cada tres personas no tiene un baño y las pérdidas económicas que derivan de la falta de acceso a servicios básicos de saneamiento suman unos 250 mil millones de dólares al año, informó el Banco Mundial.
Fuente: Privada | Créditos: Soluciones prácticas
El organismo recuerda que sin servicios de alcantarillado adecuados, las poblaciones de los países en desarrollo hacen sus necesidades al aire libre, contaminando involuntariamente suelos y fuentes de agua que consume luego la misma población y que terminan en enfermedades diarreicas; la segunda causa de muerte de los niños menores de cinco años.

"Tenemos que solucionar el tema del saneamiento si queremos poner fin a la pobreza extrema para el 2030 e incrementar los ingresos de los más pobres en un 40%", dijo el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim.

Recordó que las enfermedades diarreicas matan a miles de niños por día. Los que sobreviven, a menudo faltan a la escuela porque están enfermos. La falta de acceso a los servicios de saneamiento vuelve particularmente vulnerables a las mujeres y las niñas, que ponen en riesgo su seguridad personal cuando salen a buscar lugares privados o abandonan la escuela en la pubertad porque no hay instalaciones sanitarias.

Compromiso del Banco Mundial para el acceso universal al saneamiento
"Respaldamos los esfuerzos por lograr que para 2025 todo el mundo tenga acceso a servicios adecuados de saneamiento", dijo Kim. "Podemos lograr este objetivo y transformar la vida de miles de millones de personas durante los próximos años. Hará falta el compromiso verdadero y la acción decidida de los jefes de Estado de nuestros países clientes, así como la colaboración de todos nuestros asociados de la sociedad civil y el sector privado. Podemos lograrlo",expresó.

Para alcanzar este objetivo, el Banco Mundial se propone lo siguiente:
• Asumir una posición de liderazgo en el plano internacional y bregar por que los países realicen las inversiones necesarias para alcanzar sus metas de saneamiento y eliminar la defecación al aire libre, que afecta al 40% más pobre de su población.
• Trabajar con el sector privado nacional e internacional y con otros asociados para ampliar los esfuerzos dirigidos a satisfacer la demanda de productos y servicios de saneamiento de los hogares y las comunidades, de modo de pasar de la defecación al aire libre a baños mejorados y un mejor tratamiento de los desechos.
• Trabajar en estrecha colaboración con los países en donde prevalece la defecación al aire libre para garantizar que el financiamiento y los conocimientos basados en pruebas que aporta el Banco estén respaldando la prestación de servicios de saneamiento más adecuados, por ejemplo, a través del uso y el seguimiento eficiente de los datos.
BM

noviembre 19, 2012

LA CLASE MEDIA EN LATINOAMÉRICA YA ES CASI TAN GRANDE COMO LA BAJA

Los vulnerables, entre la clase media y los pobres, representan el segmento social más amplio

A principios del milenio, el 44% de los latinoamericanos era pobre. Solo el 20% pertenecía a la clase media. Un tercio de ellos formaba lo que en un estudio difundido este martes por el Banco Mundial se llama clase vulnerable, personas con ingresos mayores a 4 dólares (3,15 euros) diarios y menores a 10 (7,89), por lo que no son pobres pero corren riesgo de serlo. En 2010, después de una década de intenso crecimiento económico y una inédita mejora en la distribución de los ingresos, la proporción de pobres y de miembros de la clase media se ha igualado, pues uno y otros representan alrededor del 30% de la sociedad. Muchos pobres han incrementado sus ingresos y se han sumado a la clase vulnerable, que ahora se ha convertido en la más numerosa, hasta reunir el 37,5% de la población, mientras que muchos vulnerables ya pertenecen a la clase media, según el Banco Mundial. Los ricos, que cuentan con ingresos superiores a 50 dólares (39,43 euros) diarios, suponen apenas el 2% de los latinoamericanos.

Unas 50 millones de personas salieron de la pobreza y otras tantas ingresaron en la clase media, que ahora totaliza unos 152 millones. La gran mayoría de los nuevos integrantes del segmento medio son los 40 millones de brasileños que han dado el salto de ingresos, según destaca el economista jefe del Banco Mundial para América Latina, Augusto de la Torre, en conversación telefónica desde Washington. En relación proporcional a su propia población, los mayores crecimientos de la clase media se registran en Argentina, Colombia, Perú y también Brasil, según De la Torre.

El cambio se percibe en la periferia de Buenos Aires, por ejemplo. Los clubes del trueque, muy extendidos durante la crisis de 2001-2002, ya no existen, mientras que han proliferado las ferias de artículos falsificados. Si bien siguen montándose puestos donde los cartoneros (recolectores informales de residuos) venden ropa o electrodomésticos que hallaron en buen estado dentro de los cubos de basura, también se han construido nuevos centros comerciales con las mejores marcas.

“Somos una región con ingresos medianos, pero no de clase media”, aclara el economista ecuatoriano del organismo multilateral. El aumento de la clase media obedeció en un 74% al crecimiento económico, sobre todo por su impacto en la creación de empleo, y en un 26% por la reducción de la desigualdad. La disminución de la pobreza, y la consiguiente expansión del segmento vulnerable, en cambio, se explica en dos tercios por el incremento del producto interior bruto (PIB) y en un tercio por la mayor equidad.

Los investigadores del Banco Mundial detectaron, para su sorpresa, que en la primera década de los años 2000 se había registrado una muy elevada movilidad social intrageneracional, es decir, personas que han cambiado de clase porque en los últimos años han mejorado sus ingresos. Casi la mitad de los latinoamericanos que eran pobres en 1995 ha pasado a ser clase vulnerable en 2010 (solo el 4,8% ingresó la clase media) y más del 50% de los vulnerables ha progresado en la escala social. Muy pocos ciudadanos han retrocedido.

El origen social de la familia aún condiciona a las personas para el resto de sus vidas, advierte De la Torre. “Si alguien pertenece a un hogar pobre, irá a escuelas peores y los resultados educativos serán pobres. Hay una movilidad social intergeneracional baja. Esto tiene que ver con la igualdad de oportunidades, algo que está cambiando para bien desde la última década”, se ilusiona el economista.

Los expertos del Banco Mundial concluyeron que, a diferencia del resto del mundo, donde la calidad institucional mejora en la medida en que crece la clase media, en Latinoamérica esta relación no es tan fuerte. “Aquí, en lugar de demandar mejores servicios públicos, la nueva clase media contrae servicios privados, como en educación o seguridad. En algunos países se compran generadores eléctricos propios. Esto abre la puerta a un riesgo de servicios públicos malos porque la clase media no los usa y no quiere pagar por su mejoramiento”, lamenta De la Torre. Con la excepción de Argentina y Brasil, la recaudación tributaria de la región sigue siendo baja en relación al PIB. “Una manera de romper con esto es que los países con ingresos más elevados por los altos precios de las materias primas de los últimos años mejoren los servicios públicos básicos, como la educación, y rompan así el circulo vicioso. Entonces habrá más voluntad de pagar impuestos”, propone el funcionario del Banco Mundial.
El País

mayo 29, 2012

EMPLEO: UNA PROPUESTA DE INDICADORES COMPARABLES INTERNACIONALMENTE

Empleo: ¿una dimensión faltante?
El empleo es la principal fuente de ingresos para la mayoría de las familias en el mundo. Si bien es cierto que no se trata de una nueva dimensión en la medición del bienestar, algunas veces es olvidada en los estudios sobre desarrollo humano y en las políticas de reducción de la pobreza, o, al menos, no es considerada con la profundidad que se merece. Tener un trabajo bueno y decente está generalmente asociado con estar fuera de la pobreza, cualquiera sea la forma en que la ésta sea definida. Además, el empleo tiene otros alcances, como lo es el entregar un sentido de respeto a sí mismo y de realización personal . No hay dudas de la importancia del empleo como una parte constitutiva del bienestar de las personas.

Cualquier programa de desarrollo económico y de reducción de la pobreza necesariamente incluye un análisis de la situación del mercado laboral y como éste puede ser mejorado. Sin embargo, hay menos acuerdo sobre cuánto y qué tipo de empleo se necesita. Este artículo propone indicadores de empleo para ayudar a los especialistas y a los encargados de formular políticas públicas a responder estas preguntas, a nivel global. El objetivo es complementar los indicadores “tradicionales” para ayudar a una mejor comprensión acerca de la calidad y la cantidad de empleo que es necesario. El punto de partida es una lista de indicadores básicos propuestos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) incluidos en la base de datos sobre estadísticas laborales llamada LABORSTA .

Para los propósitos del análisis sobre pobreza, el enfoque tradicional de indicadores sobre el mercado laboral presenta dos principales debilidades.

Primero, la mayoría de estos indicadores no son igual de relevantes en el mundo en desarrollo como lo son en las economías desarrolladas, y por lo tanto, no entregan una imagen precisa del mercado laboral de esos países. La mayoría de los pobres trabajan, y básicamente lo hacen en actividades informales. A nivel mundial, más de 500 millones de personas trabajan pero aún viven con menos de 1 dólar al día . En promedio, en las regiones más pobres –África, el sur de Asia y América Latina- solo del 5 al 10 por ciento de la población activa está desempleada, mientras que entre el 50 y el 80 por ciento del empleo en actividades no agrícolas es informal . Además, como máximo 2 de cada 5 trabajadores de bajos ingresos en el África Sub-Sahariana tienen empleo asalariado, sea formal o informal.

Por lo tanto, es imprescindible contar con mejor información para describir las características de la fuerza de trabajo que queda fuera de la idea tradicional de empleo, y que puede ser usada para comparar los mercados laborales entre países. Los indicadores propuestos por OPHI incluyen cuatro ámbitos: protección, ingreso, tiempo y seguridad. Una vez que la información es recolectada para todas las personas, ésta puede ser combinada y agregada para describir de mejor manera las condiciones del mercado laboral en una región, país u otra unidad agregada. Por ejemplo, al examinar la estructura de empleo en un país (como porcentaje del total del empleo) en términos de los distintos ámbitos del empleo –formal versus informal, ingresos bajos versus altos, seguridad versus inseguridad – se estaría entregando una visión global de toda la fuerza de trabajo de un país.

La segunda debilidad de los datos “tradicionales” sobre la fuerza de trabajo es que las encuestas que recogen un conjunto amplio de datos sobre empleo no siempre incluyen preguntas acerca del hogar y sus miembros. Las Encuestas de Fuerza Laboral (LFS, por su sigla en inglés), por ejemplo, se realizan periódicamente sobre una muestra relativamente amplia y proveen información detallada sobre el empleo de las personas, permitiendo una comprensión más profunda de las condiciones laborales. Sin embargo, debido a la naturaleza de estos ejercicios, estos cuestionarios incluyen pocas preguntas relativas al hogar y a los miembros que están fuera de la fuerza de trabajo. Encuestas de usos múltiples –como las Encuestas de Medición del Nivel de Vida realizadas por el Banco Mundial (LSMS, por su sigla en inglés)- por otra parte, usan un cuestionario relativamente más complejo y largo, pero se llevan a cabo con menor frecuencia. Debido a que usualmente estos dos tipos de encuestas no están formalmente vinculadas, no es posible relacionar las condiciones del mercado de trabajo a los resultados de los hogares, es decir, a los niveles de consumo, salud, educación, vivienda y otras características que hacen el bienestar de una persona.

Esto también implica que la información acerca de los ámbitos de trabajo y familia es obtenida de manera separada, contrariamente a la situación que prevalece en la realidad. OPHI remarca la necesidad de incluir preguntas detalladas sobre el mercado de trabajo en las encuestas de hogares y/o permitir vínculos formales entre encuestas de fuerza de trabajo y encuestas de hogares como una clave para aumentar la comprensión de los determinantes y los efectos de la pobreza.
Revista Humanum